Fieltro de Bovec y calor invernal
En Bovec, las manos conocen la memoria de la lana. Mojar, enjabonar, presionar, cantar, volver a presionar: el fieltro se hace con paciencia y ritmo corporal. Con la misma fibra se obtienen pantuflas para refugios de altura, sombreros que parecen pequeñas cúpulas y fundas que protegen cuadernos de viaje. El resultado calienta y respira, porque conserva grasa natural y pequeñas imperfecciones bellas. Cada pieza acompaña pasos, detiene frío y recuerda que lo útil también puede acariciar.